Entrar es fácil, solo hay que cruzar la raya. Una vez dentro, la travesía es placentera aunque sinuosa. Las paredes rezuman un polvillo blanco y te vas adentrando, alejándote de la realidad, haciendo cada vez más difícil el regreso... No hay esperanza dentro del laberinto.
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Laberinto trojeborg (‘ciudad de Troya’), labrado en una piedra procedente de Visby, Suecia. (fuente: Wikipedia) |
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Este nanorrelato participa en el XIV Concurso de Microjustas Literarias (de OcioZero).
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