28 ago. 2011

De microrrelatos y números irracionales

Normalmente, en los concursos de relatos y/o de microrrelatos suele haber un limite en el número de palabras (en ocasiones, en el número de caracteres o líneas, etc...). Generalmente son límites máximos y mínimos para la extensión del texto, pero en ocasiones también se establece un número concreto de palabras (o caracteres). Ni uno más, ni uno menos.

Y en ciertos concursos de microrrelatos (los menos), también hay otra exigencia aún más curiosa y más restrictiva: construir el microrrelato usando un número concreto de letras en cada palabra.

Este es el caso, por ejemplo, del 'I Concurso de Literatura Irracional' convocado con la web Espejo Lúdico allá por 2008, y que a la postre supondría ver publicado por primera vez en papel un texto mío (aunque fuera tan sólo un microrrelato consistente en una frase un tanto... "extraña).


El punto crítico de las bases del citado concurso era el siguiente: "Los microrrelatos [...] tendrán una extensión de veinte palabras y deberán cumplir el requisito de que el número de letras de cada palabra sea la cifra correspondiente de uno de los [3] números irracionales que se proponen en el concurso [...]". Dichos números eran π (Pi), √2 (Raíz de 2) y Φ (Phi, número aúreo), tres de los más conocidos y relevantes números irracionales. Y para evitar dudas, había un importante añadido:

"Se utilizarán sus veinte primeras cifras, tal y como aparecen en Wikipedia, pero eliminando los ceros, es decir":
π : 3 1 4 1 5 9 2 6 5 3 5 8 9 7 9 3 2 3 8 4
√2 : 1 4 1 4 2 1 3 5 6 2 3 7 3 9 5 4 8 8 1 6
Φ : 1 6 1 8 3 3 9 8 8 7 4 9 8 9 4 8 4 8 2 4

π (pi) es (fusilando a la Wikipedia) la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro, en geometría euclidiana. Es una de las constantes matemáticas más importantes, empleada frecuentemente en matemáticas, física e ingeniería. Tiene una larga, muy larga historia y en muy diversas civilizaciones, y muchas curiosidades relacionadas con él.


√2 (raíz cuadrada de 2, también conocida como constante pitagórica) es (fusilando otra vez a la Wikipedia) posiblemente el primer número irracional conocido. Geométricamente es la longitud de la diagonal de un cuadrado de longitud unidad; el valor de la longitud de esta diagonal se puede averiguar mediante el Teorema de Pitágoras.


Φ (Phi, número aúreo) es (último fusilamiento de la Wikipedia) un número que posee muchas propiedades interesantes y que fue descubierto en la antigüedad, no como “unidad” sino como relación o proporción entre segmentos de rectas. Esta proporción se encuentra tanto en algunas figuras geométricas como en la naturaleza. Puede hallarse en elementos arquitectonicos, en las nervaduras de las hojas de algunos árboles, en el grosor de las ramas, en el caparazón de un caracol, en los flósculos de los girasoles, etc... Asimismo, se atribuye un carácter estético especial a los objetos que siguen la razón áurea, así como una importancia mística. A lo largo de la historia, se le ha atribuido importancia en diversas obras de arquitectura y otras artes, aunque algunos de estos casos han sido objetables para las matemáticas y la arqueología.


Yo participé en la categoría de Φ (Phi, número aúreo), y podría quedar muy bien diciendo que fue por su naturaleza mística, o por una atracción misteriosa (e irracional, no podría ser de otra forma) hacia este número... pero creo que al final fue con el único que conseguí formar un microrrelato con un mínimo de sentido. El resultado final fue este:

A muerte y perdidos van, sin esperanza. Animosos batallan; pierden. Este maltrecho ejército derrotado huye salvando, pero gastando, la vida.


Os recomiendo, no obstante, echar un vistazo al resto de microrrelatos, porque hay auténticas pequeñas obras de arte. Todos los textos participantes están recogidos en un libro,"Literatura Irracional", que se puede descargar gratis en Lulu.com (donde también se puede comprar en formato físico) y en Scibd.


Posteriormente, y bastante tiempo después de haber finalizado el concurso, se me ocurrió otro pequeño relato siguiendo los números de π (Pi), aunque sin llegar al número de palabras totales, y que creo que es un buen colofón para este post:

Fin, a nada y todos englobará Pi.


24 ago. 2011

"Las ofrendas" (relato)

El lugar se encontraba a las afueras de la ciudad, prácticamente en pleno monte. Se trataba de un enorme túmulo de tierra y piedra erigido sobre la tumba de un antiguo héroe ya olvidado. En su superficie rocosa podían distinguirse extraños símbolos tallados en tiempos inmemoriales. Estos símbolos estaban situados en torno a un dibujo central, a modo de centro gravitatorio, en el que se podía ver una especie de pulpo gigante y amorfo, en cuyos tentáculos sujetaba diversas extremidades y otras partes de la anatomía humana, aparentemente arrancadas de sus legítimos dueños. Aunque ya nadie sabía de cuándo databa tan espeluznante obra, los más viejos del lugar aún recordaban viejas historias que contaban cómo acudían a ella, a modo de peregrinación, los tullidos y los mutilados de las guerras antiguas. Con el tiempo, el asunto acabaría degenerando y quienes se plantaban ante el monolito, acababan automutilándose y presentando una sangrienta ofrenda, como si se encontraran ante un cruel dios. En poco tiempo, se creó la leyenda de que a quien fuera generoso con su ofrecimiento, recibiría sugerentes obsequios y agasajos por el resto de su vida, y que quien otorgara el mayor y más espléndido sacrificio, podría llegar incluso a convertirse en un nuevo dios.

Cierto día, se presentó un extranjero, atraído por la extraña historia. Antes que él, miles se habían cortado ya dedos y falanges, manos y brazos, pies y piernas enteras. Algunos llegaron a arrancarse una oreja, otros se amputaron la nariz y hasta los labios, y hubo quien se atrevió a trincharse uno de sus ojos. Hablaban de mujeres que se cortaron sus generosos senos, y de hombres que se atrevieron a seccionarse su propio miembro viril... De ninguno se decía que hubiera conseguido el éxito en la vida. Al contrario, todavía podía verse alguno de aquellos desgraciados mendigando por las oscuras y sucias esquinas de la ciudad, con el cuerpo mutilado y la mente destrozada. Sin embargo, seguían acudiendo los temerarios, locos y ambiciosos sin escrúpulos, ante aquel monumento a la desdicha. El extranjero, situado ante el túmulo, dedicó varios minutos a pensar en sus antecesores. Ninguno había tenido tantas agallas como él. Su ofrenda no podría ser ignorada por aquel dios tan exigente y desalmado. Empuñó su espada y se cercenó a sí mismo la cabeza.

Ilustración de Claudio Cerdán realizada expresamente para este relato (en la web de Chusticieros)
 
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"Las ofrendas" quedó el tercer clasificado en el I Concurso de Relatos 'Chusticieros'. Entre los requisitos del concurso estaba la necesidad de incluir las palabras "Dios" y "Mutilados" en el relato, dado que en el concurso colaboraba de forma activa el autor Claudio Cerdán, promocionando su novela "El Dios de los mutilados" (de la que se puede leer un avance aquí).


Como parte del premio por el tercer puesto, el propio autor Claudio Cerdán realizó una ilustración exclusiva para el relato. El relato se puede leer también en la web de Chusticieros y recientemente lo he colgado en la web Literatura Nova, donde se puede descargar en pdf.

ACTUALIZACIÓN (06-12-2011): El relato está también colgado en la red social literaria Falsaria

ACTUALIZACIÓN (25-02-2015): Es uno de los relatos que forman parte de mi libro 'Pequeños momentos breves'.

http://rodtem.blogspot.com.es/2011/12/pequenos-momentos-breves.html

23 ago. 2011

"Espejos y reflejos" (serie de nanorrelatos)

I. Blancanieves
Blancanieves, ya anciana, le preguntó al espejo si era la más bella. No se percató de que tenía que haberle cambiado las pilas.

(fuente de la imagen: Desmotivaciones)


II. Un espejo roto en tres trozos
Un espejo roto en tres trozos desiguales. El reflejo de un llanto, el reflejo de una sonrisa... y el último trozo vuelto del revés.

(fuente de la imagen: Esponja... ut ita dixerim)

III. Espejo robado
No me robes el espejo. Si quieres mi reflejo, tan sólo mírame, y apareceré en tus ojos.

(fuente de la imagen: Foro de fotos)

IV. Desesperación
Rompió el espejo en mil pedazos, pero todos seguían reflejando su desesperación.

Desespero, personaje del comic The Sandman (fuente de la imagen: Carmen Montagud)

V. Sin reflejo
Creó un espejo donde nunca se veía reflejado, excepto en una pequeña grieta que comenzó a crecer, hasta apoderarse de su alma.

(fuente de la imagen: Nuestro Mundo)

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Estos microrrelatos fueron paridos en Twitter (I, II, III, IV y V), a propuesta de Leo Poco!
La palabra clave era, obviamente, 'Espejo'.

21 ago. 2011

"Estatuas inmóviles y mudas" (nanorrelato)

Los muertos permanecían quietos y en silencio en sus tumbas. Este juego de las estatuas inmóviles y mudas podría durar por toda la eternidad.

fuente de la imagen. Armak de Odelot

17 ago. 2011

La habitación verde

'La habitación verde'. Así hemos hemos llamado mi chica y yo a nuestro dormitorio. Obviamente, porque hemos pintado las paredes de verde. Concretamente, de verde musgo y verde edén, según Leroy Merlin (publicidad gratuita...), aunque el resultado final es bastante diferente (y más satisfactorio) que el que figura en las referencias.


Con tal sugerente nombre para el dormitorio, mi mente retorcida ha decidido, cómo no, idear un relato que lleve dicho título. Aún es pronto, pero alguna idea ya ronda por mi cabeza y espero ir plasmándola en papel (y en este blog) en breve.

Un último apunte: aunque desconocía su existencia, existe un film de François Truffaut con dicho título ("La chambre verte" en el francés original), realizada en 1978, año de buena cosecha (no en vano, nací yo) que, sólo por la coincidencia, ya estoy deseando ver, aunque leyendo la sinopsis de la película, no va encaminada hacia la posible idea que tengo para el relato.


12 ago. 2011

"El Maestro Relojero" (relato)

Llegué con cierto retraso a la casa del Maestro Relojero. Qué inoportuno por mi parte. Llamé al timbre con bastante nerviosismo, preparándome para pedir disculpas, aunque me quedé sin habla cuando la puerta se abrió. Frente a mí, un tipo alto y sombrío negaba lenta y desaprobadoramente con la cabeza, y chasqueaba la lengua, mientras observaba con cierto disgusto un viejo reloj de bolsillo. Levantó ligeramente la mirada y me hizo un gesto para que entrara en la casa. Fue entonces cuando me di cuenta de que se trataba del mayordomo. Y fue entonces cuando me di cuenta también de que nunca había visto antes al Maestro Relojero. Conocía su obra, su fama, su talento... pero no conocía su rostro.

El mayordomo me hizo pasar a un amplio salón, iluminado con una claridad cegadora, aunque cuando mi vista se acostumbró, pude comprobar que la estancia estaba sobrecogedoramente recargada de relojes de pared. Relojes a lo largo de las cuatro paredes, unos sobre otros apenas sin dejar espacio entre ellos, y de todas las formas y tamaños imaginables. Y, por lo que pude observar, todos y absolutamente todos marcando exactamente la misma hora, cantando al unísono cada segundo, perfecta y escalofriantemente sincronizados. Ese retumbar constante y exacto de cada segundo martilleaba mis oídos como una punzante aguja y recorría mi médula espinal de arriba abajo, una vez tras otra, con un ritmo machacón e imparable. Una dolorosa migraña comenzó a nacer en la base de mi frente, extendiéndose poco a poco hacia las sienes, avanzando con cada latido de los múltiples relojes. Simultáneamente, mi mente comenzó también a evadirse, brincando con cada inexorable golpeteo de los infinitos y sincronizados segunderos. Sin embargo, todo se detuvo –diría que incluso el mismísimo tiempo–, cuando el Maestro Relojero entró en el salón.

De nuevo, me quedé sin habla. El Maestro Relojero parecía un tipo normal, pero había algo en él que ponía los pelos de punta. Avanzó dando unos pasos que parecían perfectamente medidos y, relajadamente, tomó asiento frente a mí. Muy, muy lentamente. Creo que lo hizo para ponerme nervioso, aunque la verdad es que ya hacía rato que había superado mi umbral de nerviosismo. En realidad, hasta que no estuvo sentado, no pude fijarme con exactitud en él. Como ya dije antes, parecía un tipo normal, ni más alto ni más bajo que cualquier otra persona, pero tenía algo, tal vez un aura de... ¿malignidad? que ponía de los nervios, como poco. Curiosamente, cuando entró en el salón me pareció que lucía una enorme melena de pelo negro, pero una vez que le vi sentado comprobé que lucía un cabello extremadamente corto, casi rapado, y repleto de canas por doquier. Aparentaría unos sesenta años, pero algo me decía que su edad real superaba de largo esa cifra. Un enorme mostacho se imponía en medio de un rostro que mostraba inteligencia y curiosidad. Su mirada era fría y meticulosa, aunque no sabría identificar el color de sus ojos: tal vez grises, tal vez azules, tal vez verdes... En cuanto a su ropa, no podía ir ataviado más de andar por casa: una vieja bata desgastada por los años, sobre un triste pijama de cuadros. Y casi mejor no hablar de sus zuecos. Para cuando quise darme cuenta, se había encendido una pipa de fumar, tallada en una bella madera de brezo, por lo que pude distinguir, y comenzó a exhalar el humo del tabaco por la boca, al ritmo de los infernales relojes de las paredes. Me fijé entonces en sus manos. Más concretamente en sus dedos, extremadamente delgados, pero firmes y veloces, seguramente dotados de una precisión absoluta, no en vano eran sus herramientas de trabajo, con los que elaboraba sus magníficos y aplaudidos relojes.

—Sabe que me está haciendo perder el tiempo –me dijo, mientras realizaba un leve gesto dirigido a su mayordomo, del que me había olvidado completamente–, ¿verdad, señor Walter?
—Soy consciente de ello –contesté yo, no tan seguro de tal aseveración, y un tanto sorprendido por el aplomo de mi voz.
—Y sabe que mi tiempo es extremadamente valioso, ¿verdad?

Volví a asentir, mientras me palpaba el bolsillo de la chaqueta. Ahí estaba la enorme suma de dinero que había traído, todos mis ahorros, toda una vida de duro trabajo, aunque dudo mucho que al Maestro Relojero le importara el origen de dicho dinero. Saqué los tres fajos de billetes, y los puse sobre la mesita, con extremo cuidado. El pulso me tembló, pero no me importó demasiado, dadas las circunstancias. Hasta entonces no había estado del todo seguro de lo que iba a hacer pero entonces, me dije, ya no había vuelta atrás.

—¿Qué es lo que pretende con toda esa cantidad de libras? –me preguntó el Maestro Relojero, sin hacer ademán de estar ligeramente sorprendido, siquiera.
—Quiero... –mi voz se quebró momentáneamente y me vi obligado a carraspear–, quiero comprar uno de sus relojes.
—Mis pequeñas obras constituyen sin duda alguna los relojes más precisos del mundo entero –dijo él, levantándose–, y probablemente los más bellos también, aunque no esté bien que sea yo quien lo diga. Eso los convierte en objetos realmente caros, piezas de coleccionismo, más bien –hizo entonces una larga pausa, en la que no dejó de escrutarme con su dura mirada y, antes de que yo pudiera decir nada, continuó hablando–. La cantidad que usted ha depositado sobre mi mesa sobrepasa, sin embargo, la tarifa habitual.
—No quiero hacer un pedido habitual –contesté yo, sin levantarme. Estaba apretando mis puños con tanta fuerza, que incluso mis cortas uñas me habían provocado pequeños cortes en las palmas de mis manos.

El Maestro Relojero siguió andando por la estancia, al ritmo de los infinitos relojes colgados en las cuatro paredes. Pasó a mi lado, lo cual me estremeció y me hizo dar un terrible respingo, y se situó tras de mí, en una posición que le otorgaba total control de la situación. Colocó sus manos sobre mis hombros y noté su enorme fuerza, hasta entonces perfectamente disimulada.

—Dígame lo que quiere entonces, señor Walter.

Y entonces se lo pedí, sin titubear. Al instante, entró en la sala el mayordomo, portando una caja en sus brazos, que me fue entregada en silencio.

—Ya tiene lo que ha venido a buscar, señor Walter –dijo el Maestro Relojero, a modo de despedida. Habló desde algún punto del salón, aunque me era imposible localizarle–. Ahora váyase y disfrute de su nueva vida.

Eso fue hace como treinta años. Sé que suena increíble pero, durante todo este tiempo, no he envejecido ni un ápice. Mi aspecto sigue siendo el de entonces, no me han salido más arrugas en la cara, ni más canas en mis cabellos, y mis huesos siguen estando en plena forma. Todo esto ha sido posible gracias al objeto que le compré al Maestro Relojero. Ese objeto, obviamente, era un reloj. Un reloj perfectamente normal en apariencia –de una bella manufactura, eso sí–, pero nada más lejos de la realidad. Ese reloj, de alguna manera, ha impedido que el tiempo pase para mí, ha impedido que envejezca ni un solo día.

Todo gracias a ese reloj, aunque realmente no sé cuál es la posible explicación para ello. Sin duda, es algo que escapa a la lógica y a lo que conocemos. Seguramente no tenga una explicación científica medianamente satisfactoria. Probablemente sea algo más cercano a la magia o la brujería. Sólo sé que lo que estoy contando es verdad. Ya apenas recuerdo cómo me contaron la historia del Maestro Relojero y de lo que era capaz con sus relojes. Y ya apenas recuerdo cómo acabé convenciéndome de todo aquello. En realidad, he de decir que cuando me presenté en la casa del Maestro Relojero y le compré el reloj, no estaba del todo convencido de aquella fantástica historia, aún mantenía un cierto nivel de escepticismo pero, con el paso de los años, y mi no-envejecimiento, acabé por darme cuenta del objeto tan poderoso que tenía entre manos. Ese escepticismo que he comentado me hizo también ser prudente en la compra del reloj. La suma desembolsada fue estratosférica, los ahorros de toda mi vida. Pero había un pequeño detalle que no he comentado aún: como no las tenía todas conmigo, y para evitar ser víctima de un timo, el pago lo realicé con billetes falsos. Un montón de libras falsas por un supuesto reloj mágico –¿o embrujado?– que resultó funcionar. No deja de ser irónico.

Naturalmente, abandoné Londres en cuanto pude. Había timado al Maestro Relojero, y un instinto de supervivencia me instó a alejarme lo máximo posible de él. Estuve un tiempo en Australia y, tras un breve paso por Argentina, acabé en el vertiginoso mundo de New York. Pero, fuera donde fuera, me acompañaba el miedo a que el Maestro Relojero me persiguiera y diera conmigo para hacerme pagar por mi estafa. El reloj que obtuve de él me proporcionaba vida eterna, pero día a día iba carcomiendo también mi mente, me iba enloqueciendo poco a poco, con su tic-tac imparable. Llegué a la conclusión de que no tenía más remedio que regresar a Londres y enfrentarme al Maestro Relojero, si es que seguía aún con vida.

Sin embargo, una vez de regreso en Londres, mi primer impulso fue visitar mi viejo hogar, la vieja casa de mi familia que me vi obligado a abandonar para huir de una posible represalia por parte del Maestro Relojero. Lo que me encontré, no obstante, me abrumó: un abandonado solar lleno de ruinas descuidadas y restos de una casa que debió ser devorada por las llamas. No pude resistirme a preguntarle a un viandante qué había ocurrido allí.

—Es una casa maldita –me espetó–. Hace unos treinta años, un incendio destruyó la casa que aquí estaba construida. Y desde entonces, cada nueva casa que se ha construido en este mismo lugar, ha sido pasto de las llamas. Ha muerto mucha gente aquí. Mucha. Ya hace algunos años que nadie se atreve a construir aquí.

Me dejó sin habla, claro. Cuando pude reaccionar, me arrepentí de haber vuelto a Londres, me parecía una enorme estupidez, y decidí marcharme de allí lo más rápido posible. Puse rumbo al aeropuerto, pero cuando el taxista conectó la radio, me quedé pálido al oír las noticias. Una enorme y extraña tormenta eléctrica se cernía sobre el sur de Londres, y hasta nuevo aviso, el tráfico aéreo quedaba suspendido. Londres era una ciudad aislada. De alguna manera, me esperaba algo así. No me quedaba otra opción que asumir mi destino. Le pedí al taxista que me llevara de nuevo al centro de Londres. Para bien o para mal, era hora de visitar de nuevo al Maestro Relojero.

A pesar de mi no-envejecimiento, al regresar a Londres tenía la vana esperanza de que el Maestro Relojero hubiera muerto, aunque en el fondo sabía que no era así. De nuevo en el umbral de su puerta, no sabía lo que iba a encontrarme. Llamé al timbre y, cuando la puerta se abrió, experimenté el mayor y más desagradable déjà vu de toda mi vida: el mismo mayordomo de hace treinta años negaba con la cabeza y chasqueaba la lengua. Me hizo pasar al mismo amplio salón repleto de relojes aunque, en esta ocasión, todos iban a destiempo, cada uno marcando una hora diferente. Esos tic-tac desacompasados, ese ruido infernal que creaban los miles de relojes que allí había, era aún peor que la otra vez. Mi alma se sobrecogió, abrumada, y mi mente quería mandarlo todo al garete. Un rato más allí, pensé, y acabaría volviéndome completamente loco.

Debieron pasar tan sólo unos segundos, pero a mí me pareció una eternidad, y por fin apareció el Maestro Relojero.

—He de reconocer que no le esperaba tan pronto, señor Walter –exclamó pausadamente, con su penetrante voz de tenor. Su aspecto era exactamente el mismo, tal y como yo le recordaba. Era como si estuviéramos en aquel día de hace treinta años: los mismos protagonistas, el mismo escenario, pero un guión totalmente diferente–. Se ve que su conciencia no le ha dejado dormir bien estos últimos años, ¿eh?
—Sé que cometí un terrible error –dije, realmente asustado–. He venido a pedirle perdón y a solucionarlo. Traigo el dinero, esta vez sin trucos ni trampas –y era verdad, previendo esa posibilidad, llevaba una increíble suma de dinero encima que estaba dispuesto a dársela, sin regatear una sola libra.
—¿Cree que realmente necesito su dinero? –me preguntó, maliciosamente–. Usted, sin saberlo, ya ha pagado por lo que le ofrecí. Ha vivido más tiempo de lo que le correspondía, sin envejecer ni enfermar. El sueño de cualquier mortal. Han sido treinta años, pero podían haber sido muchos más. El límite solamente lo ponía usted... Como intentó engañarme con aquel dinero falso, los remordimientos no le dejaban disfrutar de su nueva vida y ha tenido que regresar a Londres para buscar una salida. Como ve, yo tampoco he envejecido, sigo igual que siempre, no sé si entiende la implicación de esta afirmación... En cualquier caso, ha intentado pagar ahora lo que debía haber pagado en su momento. Así no se hacen las cosas. Ha cometido un grave error, señor Walter.
—Puedo pagarle mucho más dinero. Pídame lo que quiera...
—Ya le he dicho, señor Walter, y no me gusta repetirme –me interrumpió, y esta vez sí que parecía enfadado de verdad–, que en realidad ya ha pagado por el reloj.
—Entonces... ¿puedo irme? –sabía que era la pregunta más estúpida e inoportuna que podía haber hecho en aquel momento, pero la verdad es que estaba completamente aturdido. No me sorprendió su respuesta.
—Por supuesto que no.

El Maestro Relojero sonrió entonces, con una mueca pavorosa y demoníaca. Sus dientes eran enormes y amarillentos, todos afilados cual colmillos de lobo. Comenzó a reír, una carcajada sonora y aterradora. Creo que me oriné en los pantalones.

—Me parece que no es consciente del pago que ya ha realizado, ¿verdad, señor Walter? –exclamó el Maestro Relojero, sin dejar de mostrar su terrible sonrisa–. Al comprar aquel reloj, yo le otorgué vida eterna, sin fecha de caducidad, hasta cuando usted deseara. Como comprenderá, no hay dinero para pagar esto. Lo que usted me dio a cambio fue su alma. Mía para siempre. Entiende ahora la implicación de esta afirmación, ¿verdad, señor Walter?
—¿Q... Quién demonios es usted?
—Simplemente soy el Maestro Relojero.
—Yo no he vendido mi alma...
—¿Acaso pensaba obtener un don tan valioso como la vida eterna por una mísera cantidad de dinero? No sea ingenuo, por favor. Y encima intentó estafarme...
—Yo no sabía lo que hacía...
—Eso no es excusa.

Entonces, el Maestro Relojero se me acercó y me rozó el rostro con el dorso de su mano. Se me pusieron los pelos de punta y un escalofrío me recorrió la espalda.

—Mis clientes... especiales –dijo–, consiguen la vida eterna gracias a mis relojes. Yo me alimento, sin embargo, de sus pobres almas. Algunos tardan siglos en pagarme definitivamente. No me importa. Todos acaban pagando, tarde o temprano, de una forma u otra. Usted ha tardado muy poco. Pobrecito.

Hizo un gesto entonces, señalando alrededor suyo, como mostrándome los relojes colgados en las paredes.

—Pero soy un ser benevolente, aunque no lo crea. Y usted no se lo merece. He aquí su nueva tarea para toda la eternidad: deberá poner en hora todos los relojes de esta estancia. Exactamente la misma hora. Si alguna vez lo consigue, que lo dudo, renegaré de su alma, y podrá descansar en paz.
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"El Maestro Relojero" fue el primer relato como tal que vi publicado en un libro (anteriormente me publicaron un microrrelato -"A murte y perdidos van..."- que en realidad era una única frase construida con una serie de características concretas que... bueno, eso es otra historia). Está recogido en la antología de relatos "Dios muere, Dios nace" de Ediciones Fergutson, publicada en octubre de 2009, y fue uno de los relatos finalistas del 'Certamen de Cuentos de Terror - Ediciones Fergutson - 2009'.


Es uno de los relatos que forman parte de mi libro 'Pequeños momentos breves'.

http://rodtem.blogspot.com.es/2011/12/pequenos-momentos-breves.html


El relato también se puede leer y descargar en pdf en Scribd y Literatura Nova.

El relato está también colgado en la red social literaria Falsaria.

El relato está también colgado en la red social literaria Descritos.

"No volver a despertarse" (nanorrelato)

Decidió no volver a despertarse pero, cuando el sueño se tornó en pesadilla, no había nadie que pudiera escuchar sus gritos de agonía.


Imagen sacada del comic Thorgal: La fortaleza invisible (de Rosinski y Van Hamme, 1993)

11 ago. 2011

"Piezas sueltas" (nanorrelato)

Las piezas no encajaban. Después de descuartizarlo, quiso volver a darle forma, pero en cada intento siempre le sobraba algún trozo.




"Un ligero aroma a almendras amargas" (nanorrelato)

Un ligero aroma a almendras amargas, disimulado por tu perfume. Cincuenta miligramos de cianuro disueltos en mi copa de vino. Y aún te amo.


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[revisitando el blog] #1

10 ago. 2011

3.000 tweets

Ya he llegado a la según se mire, increíble o no, cifra de 3.000 tweets en Twitter. Digo increíble o no porque, quienes tuitean a menudo y desde hace años, hace bastante que superaron esa cifra, pero también hay una cantidad ingente de (pseudo)tuiteros que abren una cuenta en Twitter y la abandonan casi sin dejar rastro.

Mi aventura en Twitter empezó exactamente el viernes 1 de enero de 2010, con un tweet que rezaba así: "Ante el empeño de Mr. Brokas, comienzo a utilizar Twitter... Lo cual significa que aumento un poco más mi nivel de procrastinación." Mr Brokas es un amigo del alma que se empeñó tanto en que me abriera una cuenta de Twitter, que incluso fue él el que la dio de alta.

De alma perezosa como soy, apenas dejé dos o tres tweets simbólicos hasta que en octubre de 2010 por fin me metí de lleno en esta red social. Y así, hasta ahora, con 3.000 tweets a mis espaldas y, como decía Buzz Lightyear en Toy Story, "hasta el infinito y más allá".


#biblioteca

Hoy es el día de la #biblioteca en Twitter, asi que todos a tuitear ese hashtag para que que se convierta en TT (Trending Topic).

Es una manera más de promocionar la lectura y la cultura, algo siempre positivo.

9 ago. 2011

Actualizada la sección 'Relatos publicados en papel'

Ya he actualizado la sección 'Relatos publicados en papel', donde aparece un listado con los relatos y textos que me han publicado en formato físico (papel). Son relatos enviados a diversos certámenes literarios que, sin resultar ganadores, sí fueron escogidos para su publicación.

Siempre hace ilusión que elijan uno de tus relatos para ser publicado, y más teniendo en cuenta el nivel de las obras presentadas a muchos certámenes.

Y en breve volveré a actualizar la sección porque actualmente tengo otros tres relatos pendientes de ser publicados en otras tantas antologías.

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"A muerte y perdidos van..."
Microrrelato publicado en la antología "Literatura Irracional" de Espejo Lúdico, como participante del 'I Concurso de Literatura Irracional (categoría Phi)', en enero de 2009. A la venta en Lulu.com, aunque la descarga es gratis. También disponible en Scribd.

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"El Maestro Relojero"
Relato publicado en la antología "Dios muere, Dios nace" de Ediciones Fergutson, como finalista del 'Certamen de Cuentos de Terror - Ediciones Fergutson', en octubre de 2009. A la venta en Books Center.

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"En breve estarán con nosotros"
Relato publicado en la antología "100 Microrrelatos de Terror. Homenaje a Edgar Allan Poe" de ArtGerust, como semifinalista del 'I Certamen de Microrrelato de Terror (Homenaje a Edgar Allan Poe)', en enero de 2010. A la venta en ArtGerust.


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"Amistad perdida"
Relato publicado en la antología "Supervivencia" de Ediciones Fergutson, como uno de los 150 microrrelatos semifinalistas del 'Certamen de Noviembre de 2009', en febrero de 2010. A la venta en Books Center.


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"Un nuevo día"
Microrrelato publicado en la antología "Cuentos alígeros" de Editorial Hipálage, como uno de los 327 microrrelatos seleccionados en el 'III Premio ‘Algazara’ de Microrrelatos 2010', en marzo de 2010. A la venta en ReadOnTime.


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"Caperucita Vieja"
Relato publicado en la antología "Érase otra vez" de ¡¡Ábrete Libro!!, como uno de los relatos participantes en el 'Concurso de Relatos de Otoño 2010 - Versionando clásicos, en febrero de 2011. A la venta en Lulu.com.

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"El dado de colores"
Relato publicado en la antología "Hijos de la pólvora" de Latin Heritage Foundation, como uno de los relatos participantes en el 'Premio Internacional de Relato - Latin Heritage Foundation', en abril de 2011. A la venta en Amazon.

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“Twitter es como la llegada a la Luna: un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la Humanidad.”
Tweet publicado en el libro "140" de Fnac, como uno de los tweets elegidos para formar parte del libro.

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"La escalera de un millón de escalones"
Relato publicado en la antología "Cryptonomikon # 4" de Cryptshow Festival, como finalista de la 'IV Muestra Cryptshow Festival de Relato de Terror, Fantasía y Ciencia Ficción - 2011', en junio de 2011. A la venta en Lulu.com.

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Literatura en Internet

Dicen que a la juventud ya no le gusta leer. Dicen que la gente ya no lee tanto como antes. Que ahora se pasa más tiempo con los videojuegos y en Internet. De hecho, Internet es casi un término del pasado, lo que se lleva ahora son las redes sociales, como Facebook, Twitter, Tuenti, Linkedin... (por nombrar las más conocidas, pero hay muchas más). Sin embargo, a poco que bucees por la Web, no te cuesta mucho encontrar infinidad de sitios relacionados con la literatura: blogs literarios, foros, grupos de Facebook, hashtags en Twitter, infinidad de certámenes literarios, revistas online, iniciativas literarias para escritores aficionados, la posibilidad de autoeditar y promocionar obras sin coste... Y la revolución del eBook (aunque, como con los libros en papel, el hecho de comprar o descargar un libro, no implica el leerlo...). La gente lee, y la gente escribe (y le gusta mostrar a los demás lo que escribe) e Internet es un escaparate magnífico para encontrarte joyas escondidas, historias apasionantes, autores aficionados y desconocidos que, sin embargo, demuestran una calidad literaria y un arte que nada tiene que envidiar a los autores contrastados y generadores de best-sellers.

La industria del cine y la discográfica, en lugar de adaptarse al medio y evolucionar, llevan ya tiempo echando pestes de las posibilidades que ofrecen Internet y los soportes digitales. El mundo editorial lleva camino de tomar el mismo rumbo y las editoriales, o buena parte de ellas, parecen no querer verlo, pero es ya una realidad.


No obstante, los nuevos medios pueden hacer perder un poco de romanticismo a la literatura. Sentir las hojas de un libro entre tus dedos, el aroma de un libro nuevo, rebuscar en recónditos mercadillos aquel libro tan difícil de encontrar... Todo eso se va a ir perdiendo, poco a poco, pero a cambio obtendremos un mayor mercado cultural al que acudir, y con más fácil acceso. Tan sólo hace falta que la gente quiera acudir. Y hay buenas razones para hacerlo.

A continuación, una pequeña lista de sitios interesantes que, con mayor o menor asiduidad, suelo frecuentar. Son sólo una pequeña representación (subjetivada por mi gusto por el terror y la fantasía) de lo que se puede encontrar en Internet, que da para todos los gustos y filias:


¡¡Ábrete Libro!! (foro sobre libros y autores)


Literatura Nova (red social de literatura novel)


ArtGerust (editorial)

Scribd (portal de publicación y lectura social)

Lulu (publicación online e impresión de libros)

Bubok (publicación online e impresiñon de libros)

Entropía (revista)

OcioZero (web de ocio y divertimento)

Ediciones Fergutson (editorial)

La Cesta de las Palabras (blog literario)

Horror Hispano (web literaria)

Saco de Huesos Ediciones (editorial)

Raíces de Papel (plataforma cultural)

Ultratumba (revista)

Espada y Brujería - Fed. Esp. de Fantasía Épica (portal cultural)

Escritores.org (portal cultural)

StarDust (portal cultural)

El Bloc de la Bòbila (biblioteca)

El Escritor Errante (portal literario)

El Arca de las Historietas (revista)

Cthulhu (revista)

Leo poco! (portal literario)

Revista EL6A (portal literario)