10 ene. 2012

"El rey ciego (4 de 5)" (relato)

Kalion cabalgó durante seis días, sin apenas descanso. Seguramente, de la ciudad habrían partido algunos soldados para ayudarle, pero su corcel era veloz, y sólo se detenía unos breves instantes para conseguir algo de comida, sin apenas descansar. Así, llegó sin compañía a las enormes cuevas de Marko.

Antes de que pudiera pensar siquiera qué hacer, sintió una enorme llamarada a su espalda. El calor le sofocó por un instante, pero su fiel caballo consiguió apartarle del fuego. Kalion se reincorporó y desenvainó su espada, adornada con el escudo de Zilabon. Frente a él, un imponente dragón le observaba con interés. Era del tamaño de una casa, con un cuello largo y enormes alas de murciélago. Tenía la piel escamosa, de brillantes tonos azules y verdes. Sus ojos eran dos pequeños puntos rojos y su boca, aún humeante, estaba repleta de dientes afilados. Kalion no se detuvo a pensar que era la primera vez que veía un dragón y que hasta ese momento pensaba que ya no existían, extinguidos al menos trescientos años atrás. Era presa de la furia por el rapto de su hijo, y se lanzó sin pensar hacia el monstruoso ser. Consiguió clavarle la espada en un costado, pero la enorme bestia le embistió, empujándole varios metros hacia atrás, desarmándole. Después, saltó hacia él y le soltó un zarpazo, haciendo brotar la sangre del rey, que se dolió asustado, consciente de su más que posible fin. El dragón emitió un feroz rugido, equivalente al de cien leones, y se dispuso a hincarle sus puntiagudos dientes cuando, de repente, una potente luz cegadora inundó la escena. Duró unos breves segundos, pero aturdió totalmente a Kalion, dejándole inconsciente.

---------------------------------------------

continuará...

No hay comentarios: