17 ene. 2012

"El rey ciego (5 de 5)" (relato)

Los soldados encontraron a su rey tirado delante de las entradas a las cuevas. Lo recogieron y, tras comprobar que aún respiraba, se marcharon rápidamente de allí, temerosos de la llegada de algún dragón, aunque jamás confesarían tal temor. Más tarde, Kalion despertaría, y continuaría el resto del viaje al castillo llorando como un niño, lleno de tristeza, recordando lo ocurrido tras el incidente del dragón:

El dragón desapareció con la luz brillante y, en su lugar, apareció Loth, con el bebé en sus brazos, que le explicó al rey por qué los duendes rojos se habían lanzado al ataque. La razón era que Dalla había tomado, por recomendación de los magos de Kalion, un poco de sangre de duende rojo, pues ésta poseía ciertas características mágicas que le ayudarían a quedarse embarazada. Esto produjo que los duendes tuvieran una especie de instinto que los ligaba al bebé, y se sentían impulsados a ir a buscarlo. Loth también le dijo a Kalion que la sangre de los duendes había provocado que el bebé naciera ciego, por lo que ahora necesitaba los ojos del padre para el niño. Se los arrancó con sus propias manos al desdichado rey, que fue incapaz de moverse, sin duda bajo el poder del brujo. Luego le dijo que se iría muy lejos con el niño, que no se molestara en intentar seguirle, pues jamás toparía con él. Pero añadió que comprendía su dolor, por lo que le entregó un pequeño frasco con un extraño líquido azul, que deberían tomar tanto él como su esposa antes de hacer el amor, y la bella Dalla volvería a quedar embarazada.

Así lo hicieron y, nueve meses después, los reyes, y toda la población de Zilabon, recuperaron la felicidad, con el nacimiento de un nuevo príncipe, esta vez con unos preciosos ojos azules. Aunque no podía verle, Kalion era feliz al sentirle entre sus brazos y al escuchar su sonoro llanto. Había nacido el hijo del Rey Ciego.

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Fin

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